Transporte público en Cuba, un P para el roce.

Cada día es un desafío. Tomar el trasporte público en Cuba es una tarea de valientes, de encorajados.
Usted debe equiparse para viajar en un ómnibus urbano.

Primero levántese con ánimo de vivir, de pelear por lo suyo y a la vez con deseos de ser paciente. Luego, desayune dentro de lo que cabe, lo mejorcito que usted tenga. Sí, porque deberá ser fuerte, no hay dudas de ello. No olvide cubrirse del mejor perfume que ostente, porque será este quien mitigará la lucha de aromas encima del transporte. Finalmente, cuando pueda, pase por el Banco y cambie al menos 10 pesos MN en pesetas de 20 centavos.

Salga hacia la parada del bus con el deseo de amar la vida. Una vez allí, pida el último de la fila con la esperanza de que ello le servirá de algo al arribo de la transportación. Aproveche y converse, sea libre en hablar sobre temas interesantes como el clima, el calor, el estado de la juventud, de las cosas que se han perdido, de la última visita de Díaz- Canel y su esposa a New York, de Fidel, de Raúl, de los nuevos cambios en la Constitución, de si vino el pollo en la carnicería (y si vino a libra o pollo por pescado). En fin, no deje de hablar, sea espontáneo, ello le ayudará emocionalmente.

Pregunte la hora una y otra vez, pero no se estrese al percatarse de la demora de la guagua, tenga en cuenta que la paciencia era parte del equipaje que le hablamos al inicio. Si cree en Dios, ore mucho, y muy profundamente.

Al divisar la guagua a lo lejos, esté atento: tenga en cuenta que puede parar en cualquier lugar, en cualquier momento, de cualquier forma……. o simplemente NO PARAR. Si no tuvo suerte, no se afija, ya otra llegará. Siga conversando.
Cuando detecte la proximidad de otro bus, corra hacia él con todas sus fuerzas, piense en Volt, Juantorena, Robles. Todos ellos se esforzaron y lograron ser los primeros en llegar a la meta. Si es uno de los primeros, dispóngase a ser un Xavón o Muhammad Ali, solo así logrará entrar. Pero cuide su bolso o su billetera, suelen desaparecerse en momentos como estos. ¿Cómo logra hacerlo todo al mismo tiempo? Pues no se preocupe, la práctica diaria le enseñará cómo. Usted solo déjese llevar.

Pague sus monedas (40 centavos), y acoja el sitio más tranquilo, porque no sueñe con sentarse. Para ello, deberá estar atento a quién se levante, pero tenga en cuenta que, como usted, habrá cientos enfocados en la misma tarea.
No huela, solo respire. Siga conversando, solo una el nuevo tema: lo malas que están las guaguas. Cuando esté cerca de su destino, grite con todas sus fuerzas y tantas veces como sea efectivo: “para chofe que me quedo en esta”, o : “chofe parada”.

Si tienes suerte, el ómnibus se detendrá entre una parada y la otra. Aun así, disponga sus pies para la guagüita de San Fernando: un ratico a pie y otro caminando. 

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